Juan Tamariz murió a los 83 años y dejó a la magia sin uno de sus creadores más influyentes. Su familia informó que partió en paz, mientras ilusionistas de distintas generaciones recordaron al maestro que convertía una baraja en teatro.
El español combinó técnica, humor y una aparente improvisación que escondía años de estudio. Su método y sus libros cambiaron la forma de construir sorpresa, atención y emoción en la cartomagia contemporánea.
La televisión lo convirtió en figura popular, pero su mayor influencia ocurrió entre profesionales. Conferencias, escuelas y publicaciones llevaron sus ideas a magos de Europa, América Latina, Estados Unidos y Asia.
Tamariz defendía que el verdadero efecto no era engañar los ojos, sino crear un recuerdo imposible. Su muerte cierra una vida, aunque sus rutinas seguirán reapareciendo cada vez que alguien mezcle cartas y haga sentir al público que lo imposible ocurrió cerca de sus manos.






