Millones de mexicanos que cotizan en el IMSS pero necesitan atención donde solo hay ISSSTE —o viceversa— podrían ver resuelto ese problema histórico gracias a la creación del Servicio Universal de Salud, la reforma más ambiciosa del sistema sanitario nacional en décadas. El modelo busca que cualquier persona pueda atenderse en distintas instituciones sin importar su afiliación.
La interoperabilidad entre instituciones es el corazón del proyecto. El expediente clínico electrónico, ya implementado en el IMSS y en expansión hacia otras instituciones, será la columna vertebral que permita a los médicos acceder al historial de un paciente sin importar en qué ventanilla se registró. El avance tecnológico, antes relegado a clínicas privadas, llega ahora a la medicina pública.
Expertos en política de salud señalan que el mayor desafío no es tecnológico sino administrativo: unificar protocolos, nivelar salarios de personal médico entre instituciones y establecer mecanismos de compensación financiera cuando un derechohabiente de una institución recibe servicios de otra. Las negociaciones entre sindicatos y secretarías siguen en curso.
El gobierno federal estima que el modelo interoperable podría reducir los tiempos de espera en especialidades en un 30% al distribuir mejor la demanda entre los centros médicos disponibles. El primer piloto se lanzará en tres estados antes de replicarse a nivel nacional.





