El precio del dólar abrió la jornada en 17.24 pesos por unidad, un nivel que parecía impensable hace apenas seis meses. Pese a la guerra en Medio Oriente, el cierre del estrecho de Ormuz y la presión arancelaria de Washington, el peso mexicano se ha convertido en una de las monedas emergentes más resilientes del año.
El Banco de México atribuye el comportamiento a una mezcla de tasas de interés todavía elevadas, ingresos sostenidos por remesas y la entrada constante de inversión extranjera ligada al fenómeno del nearshoring. Las remesas alcanzaron máximos históricos en el primer trimestre y los flujos hacia parques industriales del Bajío y el norte siguen rompiendo récords.
En lo que va de 2026, el dólar acumula una caída de 11.33 por ciento frente al peso, y en los últimos seis meses retrocede casi 6 por ciento. Analistas de Citibanamex coinciden en que la apreciación responde más al diferencial de tasas que a una mejora estructural de la economía mexicana, lo que mantiene la duda sobre la sostenibilidad del fenómeno.
Para las familias receptoras de remesas, sin embargo, la fortaleza del peso es una mala noticia: los dólares enviados desde Estados Unidos rinden cada vez menos al cambiarlos en ventanilla. Para los exportadores, el panorama es similar, mientras importadores y turistas mexicanos celebran un poder de compra que no se veía desde antes de la pandemia.

