El sargazo dejó de ser una temporada molesta y se convirtió en una crisis ambiental de escala inédita. La biomasa que recorrió el Caribe mexicano llegó a unas 90 mil 538 toneladas por día, más del doble del promedio histórico.
Aproximadamente 10% termina en las costas de Quintana Roo. En los momentos de mayor arribo, las playas pueden recibir más de nueve mil toneladas diarias, una carga que rebasa la capacidad de recolección y se descompone con rapidez bajo el calor.
La Semarnat calcula que el volumen fue cuatro veces mayor al registrado el año anterior y 27 veces superior al promedio histórico. Corrientes, vientos, tormentas, exceso de nutrientes y cambio climático influyen en un fenómeno que se extiende desde África occidental hasta el Golfo de México.
La consecuencia no es solo visual: el sargazo reduce oxígeno, daña arrecifes y libera gases durante su descomposición. Hoteles, pescadores y municipios enfrentan costos crecientes, mientras científicos piden soluciones en mar abierto y una estrategia regional que no se limite a limpiar la arena.




