En el país están inscritos para votar unos 17.5 millones de ciudadanos, pese a que Marruecos cuenta con aproximadamente 28 millones de personas con edad para ejercer el sufragio. La inscripción en el censo es voluntaria y, en comparación con las elecciones de hace cinco años, hay 1.7 millones menos de electores registrados.
Las elecciones definirán al partido más votado, del cual el rey Mohamed VI deberá designar al próximo primer ministro. Si ninguna fuerza obtiene mayoría en el Parlamento, el nuevo jefe de Gobierno tendrá que negociar la formación de una coalición.
El próximo Ejecutivo tendrá entre sus principales retos la gestión de un programa de inversiones de 20 mil millones de euros destinado a instalaciones deportivas e infraestructura vinculadas con el Mundial de Fútbol de 2030, que Marruecos organizará junto con España y Portugal.
Durante la campaña, los principales partidos centraron buena parte de sus propuestas en la economía. Entre ellas destacan elevar el salario mínimo de 3,400 a 5,000 dirhams mensuales, crear un millón de empleos antes de 2030, aumentar la pensión mínima y establecer apoyos en el pago de electricidad para las familias con menos recursos.
El desempleo se mantiene como una de las principales preocupaciones. La tasa general ronda el 13%, mientras que entre los jóvenes alcanza alrededor del 37%, según los datos recogidos por EL PAÍS.
La jornada también estuvo marcada por una denuncia de la Alianza de Izquierda en Tánger, donde la coalición aseguró haber detectado papeletas fuera de las mesas electorales y obstáculos para el acceso de observadores. La organización pidió anular y repetir la votación en esa circunscripción. Horas después, la policía informó de la detención de un sospechoso por una presunta manipulación electoral.
Los resultados están previstos para conocerse este jueves. A partir de ellos comenzará el proceso para formar el nuevo Gobierno que dirigirá Marruecos durante los años previos al Mundial de 2030.





