Una marea humana desbordó las calles de Teherán. Miles de personas se sumaron a la procesión fúnebre del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, en una despedida cargada de dolor y de tensión política tras su muerte.
Jamenei, figura central del poder iraní durante décadas, murió en un ataque aéreo al comienzo de la guerra que enfrenta a su país con Estados Unidos e Israel. Su desaparición deja un vacío en la cúspide de un régimen construido en gran medida alrededor de su figura.
El funeral se convirtió en una demostración de fuerza y de duelo colectivo, con las autoridades buscando proyectar unidad en un momento de máxima fragilidad. La sucesión en el liderazgo se perfila como uno de los procesos más delicados de la historia reciente del país.
El desenlace tendrá consecuencias que trascienden las fronteras iraníes. En un Medio Oriente ya incendiado, la manera en que Irán resuelva su transición interna influirá en el curso de un conflicto con implicaciones globales.





