La madrugada en la capital ucraniana volvió a teñirse de sirenas y explosiones. Un ataque ruso golpeó Kyiv en las primeras horas del lunes, dejando víctimas civiles y sembrando destrucción en vísperas de una cumbre de la OTAN considerada crucial para el rumbo de la guerra.
El momento del bombardeo no parece casual. La reunión de la alianza, prevista en Turquía, contará con la presencia del presidente estadounidense Donald Trump, y el golpe llega como un mensaje en el tablero geopolítico cuando se busca definir apoyos y estrategias.
La Misión de Vigilancia de Derechos Humanos de la ONU en Ucrania advirtió que las víctimas civiles de 2026 son 'significativamente' más altas que en el mismo periodo del año anterior, una señal del recrudecimiento del conflicto.
Mientras las labores de rescate continúan entre los escombros, la cumbre aliada se perfila como un punto de inflexión. Lo que ahí se decida podría marcar la diferencia entre una escalada mayor y un intento renovado de contener la guerra.





