Los habitantes desaparecidos pertenecen al ejido El Balcón, una comunidad ubicada en la región montañosa que conecta la Costa Grande con Tierra Caliente, una zona donde distintos grupos criminales mantienen disputas por el control territorial.
De acuerdo con información publicada este 8 de octubre, ocho personas fueron privadas de su libertad el pasado 24 de septiembre, presuntamente por integrantes de la organización criminal conocida como La Nueva Familia Michoacana.
Días después, uno de los afectados, un menor de 12 años, fue liberado. Sin embargo, otras siete personas permanecen desaparecidas, entre ellas un adolescente de 17 años y un adulto mayor de 74.
La situación ha provocado preocupación entre los habitantes de las comunidades serranas, quienes denuncian que las medidas de seguridad implementadas hasta ahora no han sido suficientes para enfrentar la presencia de grupos armados.
Ante la falta de resultados concretos, un juez ordenó esta semana que las autoridades locales intensifiquen las acciones de búsqueda.
Los pobladores también han realizado reuniones y manifestaciones para exigir información sobre las investigaciones y conocer qué acciones se están llevando a cabo para localizar a sus familiares.
La desaparición ocurrió días después de que habitantes de diferentes ejidos se reunieran para impulsar la creación de un frente cívico contra la violencia que afecta a la región.
No obstante, hasta el momento no se ha establecido públicamente una relación causal entre aquella reunión comunitaria y la privación de la libertad de los campesinos.
La problemática ha llevado a los habitantes a plantear una movilización que involucraría a 319 comunidades serranas, con la intención de trasladarse hasta Palacio Nacional, en la Ciudad de México.
El objetivo es solicitar la intervención directa de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, encabezada por Omar García Harfuch, para fortalecer las labores de búsqueda y las acciones contra los grupos delictivos.
La región enfrenta desde hace años problemas relacionados con la presencia del crimen organizado, particularmente por su ubicación estratégica para el traslado de mercancías ilícitas y el aprovechamiento de recursos naturales.
Además de las actividades agrícolas y ganaderas, las comunidades serranas dependen de la explotación forestal, una actividad económica que también ha despertado el interés de organizaciones criminales.
Mientras continúan las investigaciones, las familias de los desaparecidos mantienen su exigencia de obtener respuestas y conseguir el regreso de sus seres queridos.
El caso refleja las dificultades que persisten en diversas regiones rurales del país, donde la inseguridad y el control territorial de grupos armados representan desafíos constantes para las autoridades y la población.






