El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se reunió este martes con Xi Jinping y con el primer ministro chino Li Qiang, en un movimiento diplomático cuidadosamente calibrado para reposicionar a España como interlocutor preferente de Pekín en la Unión Europea.
Es la cuarta visita oficial de Sánchez a China en cuatro años, en un momento de máxima fricción por las tarifas impuestas por Washington y la respuesta china, que ha tensionado cadenas de suministro globales y encarecido productos tecnológicos desde semiconductores hasta coches eléctricos.
En la agenda destacaron inversiones industriales, cooperación en energías renovables y el comercio agroalimentario, con énfasis en porcino, aceite de oliva y vino, rubros donde España busca ampliar cuota de mercado en Asia pese a la sombra antidumping.
La visita no pasa desapercibida en Bruselas ni en Washington: Sánchez se separa del tono más duro de otros líderes europeos frente a Pekín y apuesta por una vía propia, lo que ya generó reproches internos y alabanzas entre sectores empresariales exportadores.

