El tiroteo en la zona arqueológica de Teotihuacán puso en el centro del debate internacional la capacidad del gobierno mexicano para garantizar la seguridad de los millones de turistas que visitarán el país durante la Copa del Mundo. La FIFA había expresado con anterioridad preocupaciones sobre el narcotráfico y solicitado información detallada sobre los protocolos de seguridad en las sedes de Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, ciudades donde se disputarán partidos a partir del 11 de junio.
La presidenta Claudia Sheinbaum respondió con contundencia: 'Todas las garantías. No hay ningún riesgo'. El gobierno federal anunció el despliegue del Plan Kukulkán, un operativo coordinado por más de 20 organismos de seguridad que movilizará 111,000 efectivos durante el torneo. La estrategia incluye tecnología de vigilancia avanzada, controles perimetrales en estadios y zonas turísticas, y coordinación entre autoridades federales, estatales y municipales.
El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, se reunió con representantes de la FIFA y gobiernos locales para presentar los detalles del operativo de protección. En Guadalajara, ciudad asignada con cuatro partidos entre el 11 y el 26 de junio, las autoridades reforzaron los protocolos de patrullaje tras una alerta de seguridad previa que había afectado a 20 estados del país.
Expertos en seguridad señalan que la presión política en torno al Mundial ha generado un nivel inusual de coordinación gubernamental. México se juega en las próximas semanas la percepción internacional de seguridad que proyecte como coanfitrión del torneo junto a Estados Unidos y Canadá, en un escenario donde cada incidente es amplificado globalmente.

