En un acontecimiento inédito, tres candidatos latinoamericanos compiten por la Secretaría General de las Naciones Unidas, que quedará vacante a finales de 2026 cuando concluya el segundo mandato del portugués António Guterres. Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y exalta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, y Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y ciudadano argentino, expusieron sus candidaturas en un diálogo interactivo ante la Asamblea General en Nueva York.
Bachelet defendió su postulación con un discurso centrado en la reforma multilateral, la igualdad de género y la urgencia del cambio climático, con un perfil construido durante décadas en la diplomacia internacional. Su candidatura, respaldada originalmente por México y Brasil, enfrenta una complicación política: el gobierno chileno del presidente José Antonio Kast retiró el apoyo del Ejecutivo a su nominación, lo que debilita su posición en el tablero diplomático.
Grossi, por su parte, puso en valor su experiencia técnica al frente de la OIEA en un momento de máxima tensión nuclear global, con Irán en el centro del debate internacional. El argentino se presentó como un candidato con credenciales para navegar las disputas geopolíticas que paralizan al Consejo de Seguridad y recibió el respaldo formal de Buenos Aires y de varios países europeos.
Otros dos candidatos también expusieron sus propuestas durante la semana: Rebeca Grynspan, secretaria general de la UNCTAD y exvicepresidenta de Costa Rica, y el expresidente senegalés Macky Sall. La elección final corresponde al Consejo de Seguridad, donde el veto de los cinco miembros permanentes sigue siendo el factor decisivo. La decisión se espera para el tercer trimestre del año.

