Una noche de bombardeos israelíes sobre el sur de Líbano que dejó 21 muertos y la respuesta letal de Hezbolá —que costó la vida de cuatro soldados israelíes— puso al borde del colapso el frágil acuerdo de paz firmado entre Estados Unidos e Irán apenas días antes. La escalada fue tan grave que obligó a una intervención mediadora de emergencia por parte de Washington.
Negociadores estadounidenses lograron, en pocas horas, que Israel y Hezbolá acordaran un alto el fuego inmediato. El pacto llegó justo cuando la situación amenazaba con convertirse en el detonador de una guerra más amplia, desactivando uno de los logros diplomáticos más importantes del gobierno de Trump.
La crisis, sin embargo, no quedó resuelta. Israel afirmó que seguirá operando en Líbano mientras Hezbolá no respete por completo el cese de hostilidades, desafiando abiertamente la cláusula del acuerdo que exigía el retiro total de sus fuerzas del sur libanés. Irán, por su parte, advirtió que el pacto con Washington será 'nulo' si esa condición no se cumple.
En consecuencia, la reunión que debía celebrarse en Suiza entre el vicepresidente JD Vance y el negociador iraní fue cancelada a última hora, dejando en suspenso las conversaciones sobre el programa nuclear de Teherán y el levantamiento progresivo de sanciones. El futuro del acuerdo de paz más esperado del año pende de un hilo.


