Trabajadores del Hospital General de México Eduardo Liceaga señalaron que el área de urgencias opera en condiciones de hacinamiento. En un espacio diseñado para 24 camas se han instalado 45, y se pretende sumar 10 más, lo que ha obligado a ocupar pasillos y salas de espera con sillas para pacientes. Además, la dirección adquirió monitores de signos vitales que permanecen sin uso mientras los equipos existentes deben compartirse entre varios enfermos.
Los empleados informaron que en el turno matutino se atienden alrededor de 110 consultas diarias con sólo cinco médicos de urgencias apoyados por residentes, lo que se traduce en tiempos de espera de dos a tres horas para recibir atención. Si se requiere internamiento, las familias pueden esperar hasta tres días para que se desocupe un espacio, según testimonios de pacientes entrevistados.
El proyecto de ampliación y remodelación del área de urgencias, diseñado en la pasada administración federal, contemplaba contratar más personal y reducir la saturación, pero no ha sido ejecutado. Personal médico y sindicalizado advierte que incrementar camas sin aumentar recursos humanos empeorará la calidad de la atención.
Familiares de pacientes consultados por La Jornada confirmaron que, pese a la demora y la saturación, siguen acudiendo al Hospital General por falta de opciones. Reconocen el esfuerzo del personal médico, pero exigen que las autoridades inviertan en infraestructura y equipamiento para garantizar un servicio digno.





%3Aquality(70)%2Fcloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com%2Fbloomberglinea%2FHWR3MWC5I5GMTKQUTWVZBLNI6I.jpeg&f=1&nofb=1&ipt=aa4b760c32bd1b5a6acf04b3e69a6197026b3af8f2316223ade40a01ba4820e5)