Las movilizaciones comenzaron durante septiembre en sectores populares de París, pero rápidamente se extendieron a otras regiones del país.
Los estudiantes denuncian salones saturados, falta de profesores, deterioro de instalaciones educativas y años de inversiones insuficientes en escuelas públicas.
La protesta se desarrolló de manera pacífica en ciudades como Marsella y Nantes, pero se registraron enfrentamientos en lugares como Estrasburgo, Lyon y Rennes. La policía antidisturbios utilizó gases lacrimógenos para dispersar a grupos de manifestantes, mientras en algunas calles se registraron incendios y lanzamiento de objetos.
Organizaciones estudiantiles aseguran que más de la mitad de las escuelas secundarias del país permanecieron cerradas o bloqueadas durante la jornada.
Desde el comienzo de las movilizaciones, las autoridades han informado de más de 6,000 detenciones, muchas de ellas de menores de edad. También se contabilizan cientos de personas heridas entre manifestantes y policías.
Uno de los casos que provocó mayor indignación fue el de un adolescente que perdió una mano tras resultar herido por una granada utilizada durante un operativo policial. El episodio aumentó las críticas contra la respuesta de las autoridades.
La crisis representa un nuevo problema para el gobierno de Emmanuel Macron, que enfrenta fuertes restricciones presupuestarias y crecientes presiones sociales a pocos meses de las próximas elecciones presidenciales.
El primer ministro Sébastien Lecornu ha reconocido la necesidad de atender las condiciones de los centros educativos, pero las protestas continúan creciendo y algunos sectores ya plantean ampliar las movilizaciones.




