El sistema de salud mexicano encara una de sus transformaciones más ambiciosas en décadas. En 2026 avanza la creación de un Servicio Universal de Salud que pretende integrar al IMSS, al ISSSTE y al IMSS-Bienestar en un único modelo capaz de compartir información y recursos.
La idea de fondo es terminar con la fragmentación histórica que obliga a millones de personas a moverse entre instituciones que no se comunican entre sí. Un esquema interoperable permitiría que el expediente y la atención de un paciente no dependan del subsistema al que pertenece.
El proyecto se acompaña de un incremento presupuestal: el gasto federal en salud para 2026 será 5.9% mayor que el del año anterior, con recursos orientados a equipamiento de alta especialidad y fortalecimiento de la investigación.
El reto no es menor. Integrar estructuras tan grandes y con culturas administrativas distintas supone años de trabajo y voluntad política sostenida. De lograrse, cambiaría de raíz la forma en que los mexicanos acceden a la atención médica.




