El peso mexicano cerró como una de las divisas con mejor desempeño relativo a nivel global, con una apreciación de 14% frente al dólar en el último ciclo, según datos de la Secretaría de Hacienda. El buen comportamiento de la moneda, sin embargo, contrasta con una economía que creció apenas 0.6% en 2025, por debajo de todas las proyecciones oficiales.
Los aranceles impuestos por la administración Trump golpearon desproporcionalmente a sectores como el automotriz y el manufacturero, aunque México logró mantener un arancel efectivo promedio de solo 4% gracias a las exenciones negociadas dentro del T-MEC. Esa posición ventajosa frente a otros exportadores globales se ha convertido en el argumento central del gobierno de Claudia Sheinbaum para atraer inversión extranjera.
Las perspectivas para 2026 y 2027 contemplan un crecimiento de 1.5% y 2.1%, respectivamente, cifras que analistas del sector privado consideran optimistas dado el contexto de incertidumbre geopolítica global, agravado por el conflicto armado en Medio Oriente y sus efectos sobre los precios del petróleo y las cadenas de suministro.
El gran interrogante para los próximos meses es si México puede capitalizar el nearshoring y convertirse en el principal socio comercial de Estados Unidos de manera sostenida, o si la debilidad de la demanda interna y los rezagos en infraestructura seguirán frenando un crecimiento que el país necesita con urgencia.

