La cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping celebrada en Pekín derivó en un paquete de acuerdos que, según expertos mexicanos, podría alterar el papel del país como puente entre las economías de Estados Unidos y Asia. China se comprometió a reducir aranceles sobre productos agrícolas estadounidenses, adquirir 200 aviones Boeing y aumentar compras de energía, en lo que Trump calificó de 'acuerdos fantásticos'.
Para México, el acuerdo representa un golpe indirecto: parte del auge exportador registrado en los últimos dos años se explica por la relocalización de empresas que buscaban evadir los aranceles entre Washington y Pekín. Si esa tensión se reduce, el incentivo para invertir en México como plataforma de exportación también disminuye.
La Cámara de Comercio Americana en México advirtió que la nueva arquitectura comercial entre las dos potencias exigirá una revisión profunda de la estrategia industrial mexicana y de los términos del T-MEC, cuya renegociación está prevista para este año. El secretario Ebrard reconoció que el contexto obliga a México a acelerar sus negociaciones con Washington.
Algunos analistas ven también una ventana de oportunidad: si México fortalece su oferta en sectores de alta tecnología —semiconductores, vehículos eléctricos, dispositivos médicos— podría mantener su atractivo para la inversión extranjera directa independientemente de lo que China y Estados Unidos acuerden entre sí.

