Rusia lanzó uno de los ataques aéreos más masivos desde el inicio de la guerra: más de 670 drones y 56 misiles —balísticos, aerobalísticos y de crucero— impactaron durante la madrugada contra Kyiv y 20 regiones de Ucrania. El bombardeo dejó al menos un muerto y 33 heridos en la capital, con daños en seis distritos.
El ataque se produjo horas después de que Donald Trump declarara que esperaba un acuerdo de paz entre Moscú y Kiev en el corto plazo. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunció la embestida como evidencia de que Rusia no tiene intención real de negociar, y exigió mayor presión internacional sobre el Kremlin.
Las defensas aéreas ucranianas interceptaron parte de los proyectiles, pero los que alcanzaron el suelo causaron incendios en infraestructura civil. Un edificio residencial colapsó parcialmente en uno de los distritos afectados, según imágenes difundidas por medios europeos.
En respuesta, Ucrania lanzó un contraataque con 600 drones propios contra territorio ruso. El ciclo de escalada pone en entredicho los intentos diplomáticos de la administración Trump y sugiere que, pese al discurso de paz, ninguno de los bandos está dispuesto a ceder en el campo de batalla.

