Los hoteles de las tres ciudades sede mexicanas de la Copa del Mundo 2026 reportan niveles de ocupación proyectada para junio y julio que no tienen precedente en su historia. Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey se preparan para recibir una avalancha de visitantes internacionales que, según la Secretaría de Turismo, podría superar los cinco millones de personas a lo largo del torneo, el primero en la historia con 48 selecciones participantes.
La derrama económica estimada para México supera con creces la de cualquier evento previo. Economistas del sector turístico calculan que los partidos jugados en suelo mexicano generarán entre 80,000 y 120,000 millones de pesos en consumo directo, entre hospedaje, gastronomía, transporte y mercancía oficial. La cifra no incluye el impacto indirecto en proveedores, empleo temporal y medios de comunicación.
Las pequeñas y medianas empresas son uno de los segmentos que más esperan capitalizar el torneo. En las colonias aledañas al Estadio Azteca, propietarios de restaurantes, bares y tiendas de souvenirs reportan haber adelantado inversiones para ampliar capacidad, contratar personal y actualizar sus locales. El mismo fenómeno se replica en el área del Estadio Akron en Guadalajara y el BBVA en Monterrey.
Sin embargo, el impacto no será uniforme. Análisis publicados por centros de investigación económica advierten que la derrama estará concentrada en unas pocas semanas y en zonas geográficas específicas, por lo que el reto para las autoridades locales será extender los beneficios más allá de las inmediaciones de los estadios y hacia las comunidades que históricamente quedan fuera del circuito turístico formal.

