El enorme incendio del suroeste de Francia dejó de expandirse por unas horas, pero los equipos de emergencia insisten en que todavía no está controlado. El respiro es frágil y llega después de una evacuación masiva en la región de Gironda, cerca de Burdeos.
Unas 220 mil personas tuvieron que abandonar sus viviendas o zonas de estancia. La superficie arrasada equivale aproximadamente a cuatro veces el área de París, una escala que convirtió el fuego en uno de los desastres europeos más impactantes de la temporada.
Miles de bomberos, aeronaves y brigadas terrestres trabajan sobre los frentes activos y los puntos calientes. El cambio favorable del viento ayudó a contener el avance, pero las temperaturas previstas por encima de 35 grados pueden reactivar llamas y complicar las labores.
Aunque no se anunciaron nuevas evacuaciones, el regreso a casa dependerá de la seguridad de carreteras, servicios y viviendas. La emergencia también golpea al turismo, los bosques y actividades económicas de una zona reconocida mundialmente por su producción vinícola.




