El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, viajó a la República Democrática del Congo y salió con un diagnóstico sin adornos: el brote de ébola se expande a un ritmo superior a los esfuerzos para controlarlo. La cifra oficial de muertes ascendió a 1,801.
Tedros y el presidente congoleño Félix Tshisekedi acordaron reforzar y ampliar con urgencia la respuesta. Casi tres meses después del inicio del brote, el número de nuevos casos se duplica en algunos puntos críticos, una velocidad de transmisión que ya superó a la de todos los brotes anteriores de esta enfermedad.
El obstáculo más inmediato no es viral sino laboral: parte del personal sanitario del país está en huelga por falta de pago. En un brote donde el rastreo de contactos y la atención hospitalaria son la única barrera disponible, cada día sin equipos completos en campo se traduce en cadenas de contagio que nadie está siguiendo.
El brote es causado por la cepa Bundibugyo, para la cual no existen vacunas ni tratamientos aprobados, y ya es el segundo más grande registrado en la historia, solo superado por el de África Occidental entre 2014 y 2016, que dejó más de 11 mil muertos. La OMS declaró emergencia sanitaria internacional por este brote en mayo.





