El estadio más grande del país se convirtió en un funeral colectivo. México perdió 3-2 ante Inglaterra en los octavos de final del Mundial y quedó fuera de su propia fiesta, pese a llegar sin recibir un solo gol en los cuatro partidos previos y a jugar con superioridad numérica durante buena parte de la segunda mitad.
El guion se torció temprano. Jude Bellingham firmó dos goles en apenas 98 segundos y dejó al Tri persiguiendo un partido que dominaba en las gradas pero no en el marcador. La afición, más de 80 mil personas empujando desde la altura, no alcanzó para revertir el golpe.
Un penal de Harry Kane puso el 3-1 y pareció sentenciar la serie. Raúl Jiménez descontó también desde los once pasos para el 3-2 y encendió una esperanza que se apagó en los minutos finales, con Inglaterra resistiendo incluso con diez hombres.
México vuelve a estrellarse contra el mismo techo: no juega unos cuartos de final desde 1986, la última vez que organizó el torneo. La pregunta que queda flotando en el Azteca es cuánto más tendrá que esperar para romper la maldición.





