Las calles de Buñol desaparecieron bajo una marea de pulpa roja cuando miles de personas participaron en La Tomatina. Durante una hora, el pequeño municipio español cambió su rutina por una batalla colectiva de comida conocida en todo el mundo.
Los organizadores descargaron entre 150 y 165 toneladas de tomates demasiado maduros, según los balances disponibles. Los frutos fueron usados como munición festiva mientras brigadas de seguridad y limpieza controlaban accesos y preparaban la recuperación de las calles.
AP y EFE documentaron el evento y la llegada de visitantes internacionales. La fiesta combina una imagen absurda y poderosa con una operación logística que debe evitar lesiones, reducir desperdicios y limpiar en pocas horas una enorme cantidad de residuos.
La Tomatina sostiene buena parte de la visibilidad turística de Buñol, pero también enfrenta preguntas sobre agua y sostenibilidad. Su continuidad dependerá de equilibrar el atractivo global con controles que reduzcan el impacto ambiental de una celebración masiva.






