El alto el fuego de dos semanas anunciado por el presidente Donald Trump entre Estados Unidos e Irán enfrenta su primera prueba de fuego. A cambio de la suspensión de ataques, Teherán aceptó reabrir el estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial.
El vicepresidente J.D. Vance, acompañado del enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, viajó a Islamabad, Pakistán, para encabezar las negociaciones directas con la delegación iraní que comenzarán el sábado. Vance, conocido por su escepticismo hacia las intervenciones militares, calificó el acuerdo como una "tregua frágil".
Sin embargo, analistas señalan que Washington y Teherán ni siquiera coinciden en la definición de lo que implica el alto el fuego. Mientras Trump lo presenta como un "gran acuerdo", sectores de la derecha estadounidense cuestionan qué obtiene Irán a cambio. En el terreno, la situación permanece tensa con Israel manteniendo operaciones en Líbano.
La fragilidad del acuerdo mantiene en vilo a los mercados energéticos globales. Si la tregua colapsa, el cierre del estrecho de Ormuz podría disparar los precios del petróleo y generar una crisis de suministro que afectaría directamente a la economía mexicana.


