China vive una de sus semanas más devastadoras del año. Una sucesión de desastres naturales dejó al menos 38 muertos en distintas provincias, en un país acostumbrado a la fuerza de los fenómenos meteorológicos pero superado esta vez por su intensidad.
En Hubei, tormentas y tornados arrasaron comunidades enteras. El tifón Maysak golpeó la provincia de Guangxi, mientras que un deslizamiento de tierra en Gansu sumó víctimas en cuestión de horas. La combinación de eventos desbordó a los servicios de emergencia.
Las autoridades desplegaron operativos de rescate y evacuación en las zonas más afectadas, con miles de personas desplazadas de sus hogares. Los daños materiales aún se contabilizan.
El panorama podría agravarse con la llegada esperada del supertifón Bavi hacia el fin de semana, lo que mantiene en máxima alerta a las provincias costeras. La secuencia reaviva el debate sobre el papel del cambio climático en la frecuencia de estos desastres.






