El Partido Socialdemócrata ganó las elecciones generales de Suecia y colocó al bloque de izquierda por delante con una ventaja mínima. El resultado abre la puerta al regreso de Magdalena Andersson al poder, aunque sin un mandato cómodo.
El conteo mostró a un país dividido entre dos alianzas con fuerzas muy similares. La campaña estuvo dominada por el costo de vida, la seguridad, la inmigración y el papel sueco dentro de Europa y la OTAN.
El triunfo electoral no garantiza por sí solo una mayoría estable. Los socialdemócratas deberán negociar apoyos con partidos que discrepan en asuntos fiscales, ambientales y migratorios, mientras la derecha conserva una presencia parlamentaria capaz de bloquear acuerdos.
La formación del gobierno será la verdadera prueba. Suecia puede cambiar de conducción política sin abandonar la línea de mayor firmeza en seguridad e inmigración que se consolidó durante los últimos años.






