El ministro de Educación, Édouard Geffray, confirmó que algo más de 400 escuelas y otros establecimientos educativos permanecerían cerrados.
El Ministerio de Educación reportó además alrededor de 560 centros afectados por protestas o interrupciones de distintas características.
Las movilizaciones comenzaron en la región de París durante septiembre, pero progresivamente se extendieron a otras ciudades.
Entre las principales exigencias de estudiantes aparecen la falta de profesores, grupos numerosos y edificios escolares deteriorados o con infraestructura insuficiente.
Incendios y enfrentamientos
Las protestas han sido pacíficas en numerosos centros, pero algunos episodios han derivado en violencia.
El jueves se registraron incendios en al menos dos preparatorias; en Marsella, trabajadores educativos fueron alcanzados accidentalmente por gasolina durante otro incidente.
También se reportó un vehículo incendiado en Estrasburgo y enfrentamientos entre jóvenes y policías antidisturbios en Toulouse.
En París y otras ciudades se han utilizado barricadas frente a centros educativos y se han producido choques con fuerzas de seguridad.
Deutsche Welle, citando datos disponibles hasta este viernes, reportó que las autoridades han efectuado alrededor de 2 mil detenciones desde el inicio de la ola de protestas, además de registrarse numerosos lesionados.
El caso de un adolescente de 14 años que presuntamente resultó herido durante una actuación policial también es objeto de investigación, de acuerdo con reportes publicados sobre las manifestaciones.
El reclamo comenzó dentro de las aulas
Más allá de los disturbios, el movimiento tiene su origen en problemas concretos denunciados por estudiantes, familias y trabajadores educativos.
Alumnos han señalado falta de maestros, salones saturados, deterioro de instalaciones y problemas para recibir clases en condiciones adecuadas.
Medios franceses y corresponsales internacionales han recogido testimonios sobre centros con infraestructura dañada y carencias particularmente pronunciadas en algunas zonas periféricas.
Los reclamos se han ampliado en algunos casos hacia cuestiones como el financiamiento público, el acceso universitario y otras demandas políticas y sociales.
Gobierno y oposición cruzan acusaciones
La dimensión política de las protestas también ha aumentado.
Personas cercanas al primer ministro Sébastien Lecornu dijeron a Reuters que servicios de inteligencia habían señalado que políticos de la izquierda radical, incluidos integrantes de La Francia Insumisa, habían participado en el impulso inicial de las movilizaciones.
El diputado Louis Boyard, integrante de ese partido, rechazó públicamente esa acusación.
El ministro de Educación ha mantenido conversaciones con representantes sindicales y asociaciones de padres mientras el Gobierno intenta separar las reivindicaciones educativas de los actos violentos ocurridos durante algunas manifestaciones.
Los estudiantes, por su parte, han convocado nuevas movilizaciones y organizaciones sindicales preparan acciones adicionales.
Así, lo que comenzó como una protesta por profesores ausentes, grupos saturados y escuelas deterioradas se ha convertido en un desafío de alcance nacional para las autoridades francesas, con cientos de centros afectados y una creciente tensión entre estudiantes y fuerzas de seguridad.




