En Nuuk, la capital de Groenlandia, familias enteras se reunieron frente al televisor para seguir la reunión entre el vicepresidente estadounidense JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y los ministros de Relaciones Exteriores de Dinamarca y Groenlandia. Según un reporte de Reuters, muchos temen que las negociaciones puedan abrir la puerta a que Estados Unidos controle la isla, algo que el presidente Donald Trump ha reiterado en sus discursos.
Liv Aurora Jensen, una residente de 62 años, relató que apenas pudo dormir la noche anterior. Ella y su marido Peter comentaron que una toma de control estadounidense pondría en riesgo su cultura, idioma e identidad. Su hijo Inuk, de 22 años, añadió que sus amigos temían un posible cambio drástico en el estatus del territorio.
Cuando las cámaras mostraron a la ministra de Asuntos Exteriores de Groenlandia, Vivian Motzfeldt, saliendo de la Casa Blanca sonriendo y chocando los puños con el embajador danés, la familia interpretó la escena como una señal positiva. Peter Jensen expresó confianza en que la reunión lleve a una cooperación con la Unión Europea, Dinamarca y Estados Unidos sin que la isla sea anexada.
A pesar del alivio, Trump volvió a afirmar después del encuentro que Estados Unidos necesita Groenlandia y que Dinamarca no puede garantizar su defensa. El gobierno groenlandés respondió que reforzará sus vínculos con la OTAN para asegurar la defensa del Ártico y reiteró que la isla seguirá siendo parte del Reino de Dinamarca.




