En un momento donde la economía mexicana crece apenas al 1.5% anual —una tasa calificada por analistas como 'mediocre'— el sector empresarial se unió para respaldar públicamente la ratificación del T-MEC. Los líderes industriales argumentaron que el tratado, a pesar de sus tensiones, sigue siendo el instrumento más poderoso para garantizar certidumbre jurídica, flujo de inversión extranjera y acceso al mayor mercado del mundo para las exportaciones mexicanas.
El respaldo empresarial llega después de semanas de volatilidad arancelaria impulsada por la administración Trump, que ha utilizado la amenaza de aranceles como herramienta de presión en temas que van desde la migración hasta el combate al narcotráfico. El T-MEC ofrece a México un marco legal que limita la discrecionalidad de estas medidas, aunque no las elimina por completo.
Líderes de cámaras como el CCE, la Coparmex y la Canacintra subrayaron que la industria manufacturera —especialmente la automotriz y la electrónica, que representan el grueso de las exportaciones mexicanas— depende de las cadenas de suministro integradas con Norteamérica. Romper o debilitar el tratado significaría perder décadas de inversión en infraestructura productiva y relocalización industrial.
Para la presidenta Sheinbaum, el respaldo empresarial al T-MEC representa un alineamiento político clave frente a Washington. El desafío ahora es negociar desde una posición donde México muestre solidez institucional y unidad de propósito: difícil cuando la economía no crece lo suficiente para generar el empleo que la población demanda.

