La Copa Mundial de la FIFA 2026 dejó una huella difícil de ignorar: más de 50 mil millones de pesos de derrama económica en las tres ciudades sede mexicanas, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. El fútbol se convirtió en uno de los motores económicos del verano.
El torneo, organizado de forma conjunta por México, Estados Unidos y Canadá, atrajo a cientos de miles de aficionados que llenaron hoteles, restaurantes y comercios en las urbes anfitrionas. El gasto turístico se disparó durante las semanas de partidos.
Tras concluir los octavos de final, la competencia entró en una pausa inédita antes del arranque de los cuartos, el primer día sin partidos desde el 11 de junio. Ocho selecciones sobreviven en la lucha por el título: seis europeas, una africana y Argentina.
El parón dio un respiro a jugadores y aficionados, pero también a las ciudades sede, que se preparan para la recta final. La expectativa por los cuartos y por el impacto económico total del certamen mantiene al país pendiente del balón.






