Más de 300 personas murieron de ébola en una sola semana en la República Democrática del Congo, uno de los balances más altos del brote.
Las autoridades elevaron el acumulado a 2,642 fallecidos y 5,514 casos confirmados mientras los equipos sanitarios intentan aislar cadenas de transmisión.
La atención se complica por desplazamientos, infraestructura limitada y desconfianza en algunas comunidades. Cada retraso en identificar contactos permite que el virus llegue a nuevos hogares.
La magnitud obliga a ampliar vacunación, laboratorios y personal de campo. Sin apoyo internacional sostenido, el brote puede prolongarse y cruzar fronteras regionales.




