El Banco Central Europeo mantuvo sin cambios su tasa de depósito en 2.25%, una pausa después del aumento de un cuarto de punto aplicado en junio. La decisión responde a la volatilidad del petróleo y a la incertidumbre sobre cuánto tardará el encarecimiento de la energía en trasladarse a los precios de los consumidores.
El organismo también dejó la tasa de refinanciamiento principal en 2.40% y la facilidad marginal de crédito en 2.65%. La inflación anual de la zona euro se moderó a 2.8% en junio desde 3.2% en mayo, pero continúa por encima de la meta de 2%.
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, afirmó que la incertidumbre sigue elevada y que el efecto completo del choque energético aún no se ha materializado. El banco decidirá reunión por reunión y evitó comprometerse con una trayectoria fija, por lo que una nueva alza permanece sobre la mesa si el petróleo vuelve a alimentar los precios.
La pausa influye más allá de Europa: modifica expectativas sobre el euro, los flujos de inversión y el costo global del crédito. Para México, la combinación de tasas europeas altas y energía cara puede afectar el tipo de cambio, el financiamiento externo y la demanda de exportaciones.




