Fernando Farías, excontralmirante de la Secretaría de Marina, fue trasladado al pabellón de máxima seguridad de Ezeiza, en Argentina, reservado para militares y expolicías. La imagen del antiguo alto mando vestido de civil entrando a una de las prisiones más estrictas del país austral marca un giro inesperado en la red del llamado huachicol fiscal.
El expediente contra Farías incluye señalamientos por contrabando de combustible disfrazado de aceites lubricantes, un fraude que habría privado al fisco mexicano de miles de millones de pesos en impuestos. La operación, según la investigación, contó con la complicidad de funcionarios aduanales, transportistas y mandos navales encargados de vigilar puertos.
México solicitó formalmente su extradición, mientras la defensa del excontralmirante ha presentado una petición de asilo político en Argentina, una jugada que congelará el proceso durante meses. El gobierno argentino, que mantiene relaciones tensas con Sheinbaum, deberá decidir si privilegia la solicitud judicial o convierte el caso en un nuevo frente diplomático.
La caída de Farías no llega sola. El Departamento de Justicia de Estados Unidos arrastra al senador morenista Enrique Inzunza a un proceso paralelo por presuntos vínculos con el narcotráfico, y la administración Sheinbaum ha quedado obligada a equilibrar discurso anticorrupción con la incomodidad de ver a piezas cercanas al poder caer en tribunales extranjeros.

