Cuando cayó la noche del sábado en Cuba, no fue solo el sol el que se apagó. El Sistema Energético Nacional de la isla colapsó nuevamente, dejando a más de 10 millones de personas sin electricidad en lo que ya es el tercer apagón nacional del mes y el séptimo desde octubre de 2024. Para millones de cubanos, la oscuridad ya no es una emergencia — es la nueva normalidad.
El detonador de la última caída fue técnico: una salida imprevista de una unidad generadora en la termoeléctrica de Nuevitas, en Camagüey. Pero la causa estructural es política y energética. El viceministro de Energía cubano reconoció que el país lleva tres meses sin recibir suministros de diésel, fuel oil, gasolina ni gas licuado. El bloqueo petrolero impuesto por la administración Trump desde mediados de febrero ha cortado el flujo de combustibles que Cuba necesita para mover su economía y generar electricidad.
Cuba produce apenas el 40% del combustible que necesita. Las plantas termoeléctricas — ya obsoletas — operan con recursos mínimos. Los hospitales funcionan con generadores de emergencia. Las familias almacenan agua durante las horas con electricidad y reorganizan su vida alrededor de los apagones programados e improgramados.
La llegada del convoy solidario mexicano con 30 toneladas de ayuda humanitaria es un alivio simbólico en una crisis que tiene solución solo si se levanta el bloqueo, dicen activistas y el gobierno cubano. Estados Unidos, por su parte, mantiene que las medidas buscan presionar al régimen. En medio de ese debate geopolítico, los cubanos esperan a que vuelva la luz.

