Cd. Delicias, Chih.– Este día, la despedida de la maestra Laura Adriana B. se convirtió en un momento lleno de sentimientos encontrados: dolor por su partida… y amor por todo lo que dejó.
Desde las 10:00 de la mañana, en la funeraria Mausoleos, familiares, amigos, compañeros y alumnos han acudido para acompañarla en su último adiós. El ambiente es de tristeza, pero también de recuerdos que arrancan sonrisas entre lágrimas.
Porque si algo queda claro entre quienes la conocieron, es esto: Laura no era una persona común… era una mujer que iluminaba.
Sus familiares la recuerdan como alguien profundamente alegre, de esas personas que disfrutan la vida en cada detalle. Le gustaba arreglarse, verse bien, “andar siempre muy guapa”, dicen con orgullo. Tenía un alma bohemia, libre, auténtica… de las que no se olvidan.
“Era muy alegre, casi nunca la vimos enojada”, repiten una y otra vez.
Sus alumnas, visiblemente afectadas, hablan de una maestra que no solo enseñaba arte, sino que enseñaba a sentir. Que escuchaba, que entendía y que siempre tenía una sonrisa lista para quien la necesitara.
Hoy, muchas de ellas llegaron en silencio, con flores en las manos y los ojos llenos de lágrimas. Algunas no pudieron decir mucho… pero su presencia lo decía todo.
En cada abrazo, en cada historia compartida, en cada “gracias” susurrado, se construye una despedida a la altura de lo que ella fue.
Porque la maestra Laura no solo dejó clases… dejó recuerdos, enseñanzas y pedacitos de su alegría en cada persona que tuvo cerca.
Hoy se va físicamente, pero su esencia sigue viva en cada corazón que tocó.
Y así será recordada: guapa, alegre, bohemia… y profundamente humana.
Descanse en paz. 🕊️

