Alemania responsabilizó a Rusia por un dron cargado con explosivos que alcanzó el área del aeropuerto de Leipzig. El aparato no consiguió provocar el daño previsto, pero atravesó defensas críticas.
La investigación concluyó que no se trató de un vuelo accidental. Berlín anunció nuevas medidas contra Moscú y reforzó vigilancia en aeropuertos, bases e infraestructura energética.
Rusia rechazó la acusación y exigió pruebas. El episodio se suma a incursiones de drones y actos de sabotaje que Europa vincula con la guerra híbrida.
Un ataque exitoso podría cerrar rutas aéreas y activar una respuesta colectiva. La dificultad para detectar aparatos pequeños convierte instalaciones civiles en un nuevo frente de seguridad continental.






