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Las razones del PRI

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Con un porcentaje de votación que araña los 20 puntos, el PRI está dispuesto a dejar pelos y hasta la salea en los alambres con tal de hacer una bancada de seis diputados, llevándose la tajada de león en la repartición de los plurinominales.

Su razonamiento tiene sentido jurídico, está basado en el principio de la sobre y subrepresentación propuesta por el PAN cuando veía que, en calidad de partido minoritario, el PRI los marginaba en las rondas de distribución, dejándolos invariablemente subrepresentados en más del ocho por ciento.

Este articulo protege a los partidos minoritarios que han conseguido votaciones relativamente importantes, pero ganados pocos o ningún diputado por tierra y acota, por lo contrario, a los que ganaron más distritos. De ahí el tan traído y llevado concepto de “sobre y sub”.

Para efectos de distribución de diputados el PAN consiguió 32.2 por ciento de los votos, porcentaje con el cual –según las cuentas del PRI- serían buenos para 10.5 diputados. Con los once ganados por tierra ya está sobrerrepresentado.

Morena quedó en el 31.17 por ciento, razón por la cual le corresponderían 10.28 diputados, mismos que tiene ganados en los distritos. Es decir, ambos partidos ganadores tendrán más diputados de los que puede recibir, según dicha cláusula estarían topados y por lo tanto no tendrían derecho a ninguna ronda de asignación.

Así dejaron fuera a Mario Vázquez hace dos años y anteriormente a Óscar Villalobos. Hay antecedentes.

Con el 19.7 de porcentaje y sólo un distrito ganado, el PRI tendría derecho a cinco diputados más, para hacer una bancada de seis; uno de mayoría y cinco pluris, pues le corresponderían 6.5 en total. Hacer valer ese principio ante los tribunales es justamente lo que pretende el abogado Jorge Neávez, un peleador que no teme trabarse a dentelladas.

Si lo dejan con tres, como presumiblemente planean los magistrados del Tribunal Electoral, según trascendidos entre abogados y tinterillos que allí ofician, estarían quitándole la mitad de los diputados a que tiene derecho. Visto así es una atraco brutal.

El punto radica en que todo en las leyes electorales es discutible y no precisamente en acatamiento a los ordenamientos legales, por lo general los magistrados resuelven en razón de los intereses del gobierno en turno, en este caso del PAN.

Esa primera ronda de asignación que pelea el PAN es fundamental para acercarse a la gobernabilidad del Congreso, por una parte; por la otra le correspondería nada menos que a Fernando Álvarez Monge, presidente del Directivo Estatal y futuro –de ser ratificado- coordinador de la bancada panista. El asunto es mayor desde el punto de vista político.

Hay otro elemento que está en juego: si el Tribunal concede prioridad al principio de la sobre y sub representación, la bancada del PRI se convertiría en automático en la más cotizada del Congreso a pesar de ser minoritaria, pues aliándose con ellos, el PAN podría hacer mayoría simple para la gobernabilidad.

Lo mismo sucedería con Morena, ya que tiene diez diputados más uno del PT, partido con el cual ha ido en alianza histórica, serían once. De conseguir el hipotético acuerdo con un PRI de seis diputados harían la cifra mágica de 17, la mitad más uno que requieren para desplazar al PAN de la coordinación dominante, es decir la gobernabilidad del poder legislativo y de pasada poner freno a los atropellos de Javier Corral.

Es entendible que, estando a punto de convertirse en partido nano, el PRI pelea hasta morir ponderando la cláusula multicitada. Lo regresaría al juego legislativo a pesar de ser la tercera fuerza. Sería lo que llaman la fracción bisagra, o como decía uno de sus líderes históricos, Artemio Iglesias, con cualquiera haría par.

Dada la compleja integración del Congreso, según lo explicado anteriormente, lo más seguro es que la resolución definitiva termine en la sala superior de Guadalajara o incluso en la Corte, pues también cabe la posibilidad de que el PRI interponga un una controversia constitucional. Como se dijo, está dispuesto a ir por todo, el asunto es que lo escuchen ahora que ha perdido el poder.

¿Quién tendrá mayoría suficiente para gobernar el Congreso local, en atención a las condiciones que decidieron los chihuahuenses en las urnas? Como se ha visto ninguno de los partidos dominantes, PAN y Morena.

No obstante, el que consiga amarrar alianzas estables con las fuerzas marginales, pues además del PRI también tendrán diputados el Verde, PT, Movimiento Ciudadano y PANAL, uno por partido, será quién ejerza el gobierno en el Poder Legislativo.

Planteada la pregunta de manera personalizada, a fin de ponerle cierto saborcillo de insidiosa grilla: ¿Quién será capaz de atraer hacia su esfera política a los mini-partidos; López Obrador o Javier Corral? La pregunta tiene pertinencia y alto contenido político pues fatalmente ambos personajes meterían las manos en su integración.

Alguien diría que López Obrador está concentrado en asuntos de mayor calado - Trump, TLC, Seguridad, Refinerías- y tendrá razón, pero jamás quitaría sus ojos de Chihuahua.

Los motivos por los cuales Morena --si usted quiere no directamente el futuro presidente-- están viendo la evolución política de Chihuahua, es porque Javier Corral proyecta convertirse en el nuevo líder de la oposición nacional y un dictador jamás acepta que nadie le haga sombra.

Ese camino lo transitó López Obrador durante 18 años, lo tiene bien conocido. En consecuencia despojarlo de la fuerza política que representa el Congreso sería fundamental para aquietarlo, como ya se dijo.

Sin Congreso a modo Corral se la pensaría mejor antes de organizar marchitas reclamando cárcel a Duarte y a Peña Nieto, al que muy pronto incluirá en su discurso justiciero. La respuesta sería obvia: te mueves y te desajusto Chihuahua.

Desde luego que es importante para López Obrador el Congreso de Chihuahua, motivo por la cual se entiende que Corral apure los nombramientos de Fiscal Anticorrupción y Auditor que tanto le interesan, como se ha explicado en anteriores entregas.

¿Si tan seguro está de hacer una mayoría que les permita votarlos en la próxima Legislatura, por qué tanta prisa? Cualquier decisión de los tribunales dejará el gobierno del Congreso en un volado.

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