La Confederación General del Trabajo (CGT) de Argentina ejecutó un paro general de 24 horas en rechazo al proyecto de reforma laboral del gobierno de Javier Milei, que simultáneamente era debatido en la Cámara de Diputados. La medida, que fue descrita por la CGT como la cuarta huelga general durante la gestión libertaria, paralizó el transporte público, los bancos, las actividades aeroportuarias y numerosos servicios. Se cancelaron 459 vuelos en los aeropuertos de Buenos Aires.
El cosecretario general de la CGT, Jorge Sola, afirmó que el acatamiento fue del 90%, cifra que 'representa el humor social'. Desde la central obrera rechazaron el artículo 44 del proyecto, que establece que los trabajadores percibirían solo el 50% del salario en determinadas circunstancias de inactividad. Distintos gremios, incluida la UTA de colectiveros, la Asociación de Personal Aeronáutico y la Asociación Bancaria, confirmaron su adhesión total.
A pesar de que la CGT anunció un paro sin movilización, organizaciones sindicales afines al kirchnerismo y grupos de izquierda marcharon hacia el Congreso. Al mediodía, la Plaza del Congreso estaba vallada y custodiada por fuerzas federales y de la Ciudad de Buenos Aires. Pasadas las 16 horas, manifestantes intentaron derribar vallas y la policía respondió con gases lacrimógenos, carros hidrantes y balas de goma. Hubo detenidos y heridos.
El gobierno nacional advirtió que descontaría el día a los empleados públicos que adhirieran a la huelga. Karina Milei, secretaria general de Presidencia, siguió de cerca la sesión en el palco de la Cámara de Diputados acompañada del jefe de Gabinete Manuel Adorni. El Frente de Sindicatos Unidos anunció su intención de exigir a la CGT un paro de 36 horas con movilización ante el avance de la reforma.




