El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, exigió desde Ginebra una investigación rápida, imparcial y exhaustiva del ataque que destruyó una escuela primaria de niñas en la ciudad de Minab, en la provincia de Hormozgán, en el sur de Irán. El bombardeo ocurrió el primer día de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel y, según autoridades iraníes y la agencia de noticias INRA, causó la muerte de entre 165 y 180 niñas, con otras 96 heridas y varias atrapadas bajo los escombros.
La portavoz de la Oficina del Alto Comisionado, Ravina Shamdasani, recordó que los bombardeos de instalaciones civiles constituyen graves violaciones del derecho internacional humanitario y que podrían ser considerados crímenes de guerra. La UNESCO y UNICEF también condenaron el ataque. La Organización Internacional de Energía Atómica confirmó que no había daños en instalaciones nucleares iraníes, aunque advirtió del riesgo creciente de un incidente por la escalada regional.
Las niñas fallecidas fueron enterradas en funerales masivos. Fotografías aéreas publicadas en medios internacionales mostraron a grupos de dolientes excavando tumbas en el lugar del entierro. Organismos de verificación independientes, entre ellos The Washington Post y Reuters, confirmaron mediante imágenes satelitales que el edificio de la escuela había sido destruido, aunque no pudieron verificar de manera independiente el número exacto de víctimas.
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, calificó el ataque como un crimen flagrante y exigió responsabilidades ante la comunidad internacional. La ONU celebró una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad que evidenció la división del organismo: Rusia y China acusaron a Estados Unidos e Israel de agresión armada, mientras Washington y Tel Aviv justificaron sus acciones. El secretario general Antonio Guterres recordó que la Carta de la ONU prohíbe claramente el uso de la fuerza contra la integridad territorial de cualquier Estado.





