Un número está reconfigurando la relación entre México y Estados Unidos: 76%. Esa es la reducción en el paso de fentanilo hacia territorio norteamericano que el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, presentó ante Marco Rubio, secretario de Estado de la administración Trump, en la reunión bilateral más reciente entre ambas naciones.
Las cifras son contundentes. Las incautaciones de fentanilo en la frontera sur de Estados Unidos pasaron de 863 kilogramos en octubre de 2024 a apenas 208 kilogramos en abril de 2026, según datos del CBP reconocidos por ambos gobiernos. México destruyó más de 2,400 laboratorios de producción de drogas sintéticas y confiscó aproximadamente 402 toneladas de diversas sustancias durante el mismo periodo.
Especialistas atribuyen la caída a tres factores: la presión militar y policiaca del gobierno mexicano en zonas de producción, los enfrentamientos internos entre cárteles que fragmentaron sus redes de distribución, y la cooperación de inteligencia reforzada con agencias estadounidenses. Sin embargo, advierten que las organizaciones criminales han diversificado rutas hacia Centroamérica y el Caribe para compensar las pérdidas.
El logro tiene peso político directo: Washington había amenazado con imponer sanciones adicionales a México si el tráfico de fentanilo no cedía. Con este resultado, el gobierno de Sheinbaum gana margen de maniobra en la renegociación del T-MEC prevista para la segunda mitad del año y reduce la presión arancelaria que ha pesado sobre las exportaciones mexicanas.

