Cuando Donald Trump anunció sus aranceles el 2 de abril de 2025 en un acto denominado 'Hagamos a Estados Unidos rico otra vez', las predicciones para México eran sombrías. Un año después, el panorama resultó ser radicalmente distinto: en lugar de desplomarse, las exportaciones mexicanas a Estados Unidos crecieron de 41,638 millones de dólares a 44,310 millones en el mes de febrero, una diferencia de casi tres mil millones de dólares.
La explicación reside en la reconfiguración del comercio global: ante los aranceles que Trump impuso a China y otras potencias asiáticas, empresas de manufactura en Asia aceleraron su traslado a México para mantener acceso preferencial al mercado estadounidense bajo el T-MEC. Este fenómeno, conocido como nearshoring, convirtió al país en uno de los principales beneficiarios indirectos de la guerra comercial.
En este contexto, la empresa Flex —presente en México desde hace cuatro décadas— anunció una inversión récord de mil millones de dólares para el periodo 2026-2028, con la que espera generar más de seis mil empleos directos e indirectos. La presidenta Sheinbaum inauguró el primer hub de desarrollo industrial en Huamantla, Tlaxcala, en lo que el gobierno presentó como símbolo del México que atrae inversión bajo presión.
Sin embargo, economistas advierten que la bonanza exportadora no se ha traducido en crecimiento del PIB, que el FMI proyecta en apenas 1.6% para 2026, y que la incertidumbre sobre el T-MEC sigue frenando decisiones de inversión de largo plazo.

