En un giro histórico que ha sacudido el tablero geopolítico hemisférico, el expresidente venezolano Nicolás Maduro ha sido trasladado este lunes a un tribunal federal en el distrito de Manhattan, Nueva York, para enfrentar cargos por narcotráfico y terrorismo. Su comparecencia ocurre menos de 48 horas después de una operación militar relámpago ejecutada por fuerzas especiales estadounidenses en Caracas.
En Caracas, la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien ha asumido el liderazgo interino de facto, intentó proyectar una imagen de control y soberanía en medio del caos reinante. En una declaración televisada desde el Palacio de Miraflores, Rodríguez invitó a Washington a establecer una «agenda de cooperación», un cambio de tono notable frente a la retórica habitual.
Por su parte, Donald Trump declaró esta mañana desde el Air Force One que Estados Unidos está «a cargo» de la situación en Venezuela para asegurar una transición democrática, exigiendo «acceso total» a los recursos del país. Estas afirmaciones han disparado las alarmas en la comunidad internacional sobre una posible ocupación prolongada.
Las reacciones globales no se han hecho esperar. China y Rusia han condenado enérgicamente la operación, calificándola de violación flagrante del derecho internacional. Mientras tanto, en los cuarteles venezolanos se reportan movimientos confusos y un silencio tenso, con la población a la espera de ver si la transición será pacífica.


%2Fi.s3.glbimg.com%2Fv1%2FAUTH_da025474c0c44edd99332dddb09cabe8%2Finternal_photos%2Fbs%2F2024%2FO%2Ff%2F38uAf2RnWrcKMB2bvmIA%2F108096121-venezuelas-president-nicolas-maduro-r-addresses-the-media-next-to-his-wife-cilia-flores-a.jpg&f=1&nofb=1&ipt=72eb25bc00a838759cb9810826cf9e321634d1bd9051a8af40ba6bdbfcc1037c)
