La plancha del Zócalo de la Ciudad de México volvió a transformarse en el epicentro de la protesta feminista más grande del país. Con la Glorieta de las Mujeres que Luchan como punto de partida y el Zócalo capitalino como destino final, más de 120,000 personas marcharon bajo las consignas de 'ni una más' y 'vivas nos queremos', en una movilización que comenzó en las primeras horas de la mañana y concluyó avanzada la tarde con lo que las autoridades describieron como saldo blanco en términos de seguridad.
Las demandas de este año giraron en torno a la violencia de género —un promedio de diez mujeres son asesinadas al día en México—, los feminicidios impunes, la desaparición de mujeres y niñas, la brecha salarial y el abandono del Estado hacia mujeres adultas mayores. La jornada incluyó tendederos con nombres de acosadores y deudores alimentarios, foros de discusión, memoriales de víctimas y la participación de cientos de madres buscadoras que exigieron la localización con vida de sus hijos e hijas desaparecidos.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, celebró que la marcha concluyera de manera pacífica y reconoció la labor de las mujeres policías del agrupamiento Ateneas, quienes acompañaron el contingente. Sin embargo, el reporte final registró nueve detenidos por destrozos en inmuebles, incluido el Palacio de Gobierno de la CDMX, y 90 personas atendidas por el ERUM: la mayoría por deshidratación, desmayos o caídas, y tres por golpes. Las estaciones del Metro y el Metrobús que operan en la zona central suspendieron servicio de manera temporal durante las horas más intensas.
La marcha de este año se distinguió por la masiva participación de contingentes del interior del país que viajaron expresamente a la capital, además de movilizaciones simultáneas en más de 50 ciudades mexicanas, convirtiendo el 8M en la expresión coordinada de un movimiento que ya no tiene epicentro único sino raíces en cada estado de la República.

