Las fábricas mexicanas llevan tres meses consecutivos produciendo menos que el año anterior, una racha negativa que enciende las alarmas entre economistas y que contrasta con el optimismo oficial sobre la llegada de inversiones por relocalización de empresas. El sector manufacturero, que representa aproximadamente el 17% del PIB nacional, encabeza la contracción.
Los datos del INEGI muestran que la actividad industrial acumula caídas anuales desde el primer trimestre del año. Los sectores más afectados son la fabricación de equipo de transporte y la industria química, golpeadas por la incertidumbre arancelaria con Estados Unidos y el encarecimiento de insumos importados. La construcción también registra desaceleración, aunque en menor medida.
El gobierno federal atribuye parte del retroceso a la volatilidad generada por las amenazas arancelarias de la administración Trump, que pusieron en pausa decisiones de inversión en sectores clave. Sin embargo, analistas del sector privado apuntan a factores internos como la falta de certeza jurídica, la crisis energética en algunos estados y el alza en los costos laborales derivada de los aumentos al salario mínimo.
La apuesta oficial sigue siendo el nearshoring, con más de 40 empresas extranjeras que anunciaron instalaciones en México durante el último año. El reto es que esas inversiones se traduzcan en producción real antes de que la contracción afecte el empleo, que por ahora se mantiene en niveles históricamente altos.

