El sacerdote Román de la Cruz Hernández fue asesinado a tiros en Hidalgo y su cuerpo apareció en una carretera. El crimen generó condena de la Iglesia católica y preocupación entre comunidades de la región.
La víctima ejercía como párroco y era conocida por su trabajo pastoral. Autoridades abrieron una carpeta de investigación para reconstruir sus últimos movimientos y determinar el móvil.
La Conferencia del Episcopado pidió justicia y protección para ministros y comunidades. El caso se suma a agresiones que han convertido el trabajo religioso en una actividad de riesgo en algunas zonas.
La respuesta deberá evitar especulaciones y ofrecer avances verificables. Identificar a los responsables será esencial para impedir que el asesinato quede reducido a otra estadística.





