Con cuatro décadas de operaciones en México, la empresa de manufactura avanzada Flex tomó una decisión que envía una señal poderosa al mercado global: invertirá mil millones de dólares en el país durante el periodo 2026-2028, la cifra más alta en su historia de presencia en territorio mexicano. La inversión generará más de seis mil empleos directos e indirectos en el sector de manufactura de alta tecnología.
La presidenta Sheinbaum presidió el anuncio y lo enmarcó como evidencia de que México ha logrado convertir la presión arancelaria de Trump en una oportunidad. El nearshoring —la reubicación de plantas de producción hacia México por empresas que buscan acceso preferencial al mercado estadounidense— ha acelerado en los últimos 18 meses, con decenas de empresas de electrónica, automotriz y manufactura de precisión eligiendo al país como su base de operaciones.
Flex fabrica en México componentes para compañías líderes en tecnología, telecomunicaciones y dispositivos médicos. La expansión se concentrará en estados del norte y centro del país, reforzando corredores industriales que ya operan cerca de su capacidad máxima.
El anuncio llega en un momento estratégico: con la renegociación del T-MEC en el horizonte y la necesidad de demostrar que México es un socio confiable y competitivo, inversiones de esta escala son exactamente el argumento que el gobierno busca presentar ante Washington.

